La reciente propuesta del expresidente estadounidense Donald Trump de tomar control de Gaza y reubicar a sus residentes palestinos ha generado una ola de condena a nivel internacional. La propuesta sugiere que países vecinos como Egipto y Jordania, que dependen significativamente de la ayuda y apoyo militar de EE. UU., ofrezcan nuevos hogares a gran parte de los 2.3 millones de residentes de Gaza.
El secretario general de la ONU, António Guterres, planeaba expresar sus preocupaciones en una reunión, destacando la necesidad de evitar cualquier forma de "limpieza étnica". Los comentarios de Trump fueron recibidos con rechazos contundentes por parte de varios países y figuras importantes a nivel global. Alemania advirtió que el plan violaba el derecho internacional, mientras que el presidente de Brasil lo calificó como “incomprensible” y China manifestó su oposición a la “transferencia forzada”.
En respuesta a las críticas, Trump afirmó que “todos aman [el plan]”. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aclaró que esto “no significa botas en el suelo en Gaza”, pero Trump dijo que “si es necesario, haremos eso”.
Arabia Saudita fue uno de los primeros en rechazar la propuesta, declarando su "rechazo inequívoco". El príncipe heredero, Mohammed bin Salman, reafirmó que no se normalizarán relaciones sin el establecimiento de un estado palestino independiente. El rey Abdullah de Jordania también rechazó firmemente el plan de anexar tierras y desplazar a los palestinos, destacando que Jordania ya alberga a más de 2.7 millones de refugiados palestinos.
El presidente egipcio, Abdel Fatah al-Sisi, y el presidente francés, Emmanuel Macron, coincidieron en que cualquier "desplazamiento forzado" de la población de Gaza sería “inaceptable” y una grave violación del derecho internacional. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Egipto afirmó que la reconstrucción debe llevarse a cabo sin que los palestinos abandonen el territorio.
Ante estos rechazos, Trump sugirió que el rey de Jordania y el general de Egipto eventualmente "abrirían sus corazones" para facilitar el plan. Sin embargo, la implicación política y de seguridad de recibir a un gran número de personas bajo coacción podría resultar en resistencias incluso para las amenazas más fuertes de la Casa Blanca.
El plan se presentó en el inicio de las negociaciones para una segunda fase del acuerdo de alto el fuego en Gaza. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar, mediador clave en las rondas de negociación, indicó que se enfocan en extender el acuerdo actual, que vence a fin de mes.
El ministro de finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, apoyó los comentarios de Trump y expresó que el plan "finalmente enterraría, con la ayuda de Dios, la peligrosa idea de un estado palestino". También Itamar Ben-Gvir, líder de extrema derecha, sugirió que la propuesta de Trump eliminaría la necesidad de conversaciones sobre el alto el fuego. Por su parte, Benny Gantz, un rival político de Netanyahu, respaldó los planes de reubicar a los palestinos como “admirables”.
Contrariamente, miembros de partidos de izquierda en Israel se opusieron abiertamente a las propuestas de Trump, advirtiendo que cualquier transferencia no ocurrirá y que no traerá seguridad. Basem Naim, miembro del buró político de Hamas en Gaza, afirmó que cualquier tropa estadounidense enviada a la región enfrentarían la misma oposición que el ejército israelí.